25 de septiembre de 2017

El precioso pueblo de St Remy...

Como cuestan los lunes chicas, pero yo hoy, con vuestro permiso, os lo voy a iluminar de lo lindo con una visita sorpresa a uno de los pueblos más bonitos de toda la Provenza. St Remy es la capital de semejante región y os puedo asegurar que para mi tiene las más preciosas calles, el cielo más azul, los rincones más preciados, las tiendas más tentadoras y los barecitos más coquetos. Porque hasta música se escucha por sus calles, ya lo veréis en algunas de mis fotos escogidas, y lo que es más indescriptible, posee el mercado más requete bonito de cuantos he visto en muchos de mis viajes...
 Decidimos visitarlo el mismísimo día en que sus callejuelas se llenan de puestos para vender. Es una gozada ver como se mezclan estas paradas ambulantes, con las numerosas tiendas que recorren el pueblo...
 Además contamos con el privilegio de escuchar auténtica música de jazz en muchas de las plazas. Ni os podéis imaginar lo que supone sentarse al borde de cualquiera de las fuentes, y dejarse llevar por el clarinete, las guitarras y el violonchelo. Nos hubiéramos quedado allí todo el día, pero semejante pueblo merecía ser visitado de punta a punta...
 Y ahí me topé yo con tiendas y más tiendas...
De objetos antiguos...
De elegantes pamelas...
De textiles totalmente vergelianos...
 De frutas que con su olor te lanzaban a comprarlas...
 Fijaros que colorido chicas...
Y el olor de esas especies que lo impregnaban todo...
 Lo maravilloso era admirar como entre tantos puestos, asomaban edificios antiguos que en Sant Remy de Provence son la esencia de todo...
Y yo entrando en una tienda, saliendo de otra, arrimándome a los muchos puestos variados y loquita comprando. Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, preciosas encontré algún que otro tesoro provenzal que ya os mostraré...
Inevitable no fotografiarse en cualquier esquina. Yo sentada en mis incondicionales fuentes de piedra...
 Celia escogiendo instantáneas siempre originales...
Y nuestro Víctor, por ahí perdido con los peludos entre el bullicio de la gente...
Con semejantes aparadores perfectamente decorados y a cual más precioso, se nos hizo enormemente difícil no plantarnos delante de ellos. Había para todos los gustos, todos ellos coquetos y todos ellos inspiradores y repletos de romanticismo...

Después Celia había planeado una especial visita al sanatorio donde estuvo ingresado por tiempo Vincent Van Gogh, uno de sus artistas preferidos. Ha leído mucho sobre él y era toda su ilusión acercarse hasta el edificio que lo acogió...
 Y allí nos plantamos todos...
Me imaginaba yo un lugar siniestro y triste. Nada más lejos de la realidad. Ante nuestros ojos se nos abrió, tras un impresionante jardín de entrada, un cuidado monasterio del siglo XII y situado a las afueras de Saint Remy...
Su estatua esculpida en hierro nos dio la bienvenida... 

 Para después ya dentro admirar un patio interior que a mi me dejó sin palabras...
 Un laberinto de flores entre las que pude distinguir numerosas begonias coloridas...
 Hiedra trepando por los muros de piedra a lo largo de montones de años y bulbos impresionantes brotando sin parar...
 Los arcos que lo recorrían eran impresionantes con esos claros-oscuros que los recorrínan...
Felicidad total chicas...


 Después Víctor y Celia se adentraron en el monasterio para pisar las mismas estancias que pisó Vincent Van Gogh...


 Y yo me planté en el extenso jardín de atrás...
Con vistas increíbles a la lavanda...
La lavanda chicas, tan característica de la Provenza, yo pensé que al ser pleno verano no me toparía con ella. Pero el destino quiso que justamente en el monasterio de Saint Paul de Mausole se me pusiera por delante...
No estaba totalmente en flor, sino que empezaba ya a secarse, pero el efecto fue maravilloso, os lo puedo asegurar...
 Y el aroma que desprendía, ni os lo imagináis...
 Vamos, que me hubiera traído un buen pedacito a casa para compartir con todas vosotras...
Ya sabéis que la vida de este pintor no fue del todo idílica, pero imagino su ingreso en este monasterio a las afueras de uno de lo pueblos más bonitos de la Provenza, y creo que quizás rodeado de estos paisajes se sintió algo feliz. Por lo menos sé que fue aquí donde pintó los cuadros más inspiradores de toda su colección...
 Y como última guinda a tan singular visita, unas cuantas fotos personales junto  Van Gogh...

 Y junto a una perfecta réplica de uno de sus cuadros pintados, faltaría más.
"La noche estrellada", uno de mis preferidos...
Saint Remy de Provence, capital de la Provenza, su mercado, sus calles, su música, sus tiendas, sus barecitos y restaurantes, sus fuentes de agua clara y ese pequeño rinconcito dedicado a un gran artista.
Después visitamos más pueblecitos provenzales, pero ninguno consiguió transmitirnos tan maravillosa magia...
¿No estáis de acuerdo vergelianas?...
Aún me queda daros un paseo por Marsella, Avignon, Le grau du roi y Aigues Mortes, pero prefiero irlo dosificando poquito a poco para que no os aburráis chicas. Si preferís que omita estas pequeñas salidas en pro de otras cositas mucho más vergelianas, solo tenéis que decírmelo. Ya sabéis que esta ventana tiene que ser del total agrado de mis mujeres...
Hoy toca despedirse con flores de lavanda, homenaje total a este adorado Saint Remy...
¡Hasta mañana preciosas!

23 de septiembre de 2017

Crasas en piezas heredadas...

Que maravilla chicas, como coincidimos las vergelianas hasta en la elección de nuestras casas. Ayer os lanzaba la pregunta de cual fue aquello que os enamoró al comprar vuestra vivienda y allí me contestaron Ximena con su enamoramiento a través de los años y que ahora no cambiaría por nada del mundo. Brisita, con su luminosidad porque para ella el sol es vida. Lavanda, el poder contemplar desde todas las ventanas el verde campo, y a María Bracaccini, entre otras cosas, el enorme jardín que rodea su casa...
Tenemos todas hogares que aunque en su momento no nos cautivaron por completo, hemos sabido transformar con el paso de los años y ahora nos sentimos tan unidas a ellos que no nos sacarían de allí ni por todo el oro del mundo. Gracias chicas por compartir conmigo vuestros pequeños secretos, me encanta leeros y saber que somos como almas gemelas...
Hoy os quiero proponer una inspiración decoradora, de esas cien por cien vergelianas y que  quedan ideales. Para ello tenéis que rescatar de vuestras vitrinas y armarios, esas piezas de vajilla olvidadas y que se pueden reinventar para volver a lucir...
Yo escojo una taza y una pequeña lechera...
Forman parte de un conjunto de vajilla heredada que nunca he llegado a utilizar para servir cuando vienen invitados a casa. Más que nada permanecían almacenadas en un armario y que he querido recuperar...
 Como podéis ver he plantado en su interior dos hijuelos de crasas...
En la taza una gran roseta de nombre echevería...
Y en la lechera, una suculenta espigada con pequeñas flores muy verdes llamada crasula perforata...

 Son tan sumamente elegantes estas piezas, con sus asas, su ribete dorado y esa porcelana fina brillante y especial...
  Que se me ha hecho difícil ubicarlas en el sitio ideal...
 Finalmente he optado por colocarlas en la balda blanca de la entrada...
 Rodeadas de más piezas encantadoras repletas de bellos momentos...
 Nada mejor que esas fotografías antiguas en marcos diferentes...
Y esa cuadrada bandeja también con ribete dorado regalo de mi tía Miguela, esa tía preferida que murió bien joven y que nunca olvidaré. Ella me la entregó como regalo de bodas junto con un juego de sábanas hilvanado con puntilla antigua y que algún día os enseñaré...
 La tenía bien guardada, pero creo que a ella le encantaría que vuelva a recuperarla para presumir de preciosa bandeja...
 Como me gusta chicas este rincón de la entrada. Gracias al blanco, al cristal y a la plata se ilumina por completo, al tiempo de tener un fuerte significado emocional para mi...
 Eso si, con ese toque verde de la mano de las pequeñas suculentas plantadas...


Por cierto vergelianas, ayer me fui toda la tarde a la peluquería. Me teñí que ya lo necesitaba, me escalé ligeramente y me corté el pelo un buen trozo...
 Necesitaba un pequeño cambio, yo que soy repetitiva con mi pelo y hace muchos años que luzco el mismo corte. La ventaja que tengo es que a mi el pelo me crece a marchas forzadas...
 En fin, sábado el de hoy de crasas, piezas de vajilla heredadas, bandeja sentimental y corte de pelo para presumir...
¿Os parece demasiado atrevido recuperar tazas y lecheras para llenarlas de plantas?...
Ya me contaréis.
A mi la idea decorativa me ha encantado...
Pues nada preciosas a disfrutar de este fin de semana enteramente otoñal...